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1.- A esta hora, con más del 75% de las mesas escrutadas, se registra una participación estimada de apenas 30% aproximadamente de los electores que viven en Venezuela.

2.- Hubo una abstención masiva de la clase media. La mayoría de los que sí votaron provienen de los sectores C, D y E, y la mayoría de éstos fueron movilizados por el PSUV-Gobierno.

3.- De no haber sido por la operación remate a última hora y coacción de empleados públicos y electores registrados en el Carnet de la Patria, CLAP y tantos otros organismos de control social y político, la catástrofe hubiese sido mayor ¿Qué Eso es para enorgullecerse en la política?

4.- El gobierno tiene ahora un grave problema en las manos. Una participación estimada de apenas el 30% o menos (versus 75% en parlamentarias de 2015, las cuales han dado sustento a Guaidó) no es una buena carta de presentación para lograr reconocimiento internacional a la nueva AN, la cual quizás termine logrando el mismo nivel de legitimidad internacional que ha tenido la asamblea constituyente ¿Entonces qué sentido tuvo todo esto?

5.- La terquedad y la arrogancia terminan pagando un alto precio en la política. Nada costaba posponer esas elecciones dos o tres meses más para lograr mejores condiciones de participación. Hasta la Comunidad Europea las hubiese avalado.

6.- Estos bajos niveles de participación en eventos convocados por nuestros políticos son reflejo de otra realidad más preocupante: el 88% de los venezolanos tiene poca o ninguna confianza en el liderazgo político (Datincorp, 22/ Nov / 2020). Es bueno que los políticos de oficio se enteren de ello.

Jesús Seguías es consultor político y presidente de DatinCorp

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