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Ahora que James Story chista los dedos, y, raudos y veloces, los oposicionistas de Venezuela corren a Bogotá a recibir la línea, bajando sumisamente la cerviz; ahora que Biden parece arreciar las acciones de Trump contra el gobierno de Maduro, de lo que a los venezolanos nos toca la peor parte: más hambre, más destrucción de los servicios, más atraso; ahora que la ONU ha dicho a quien quiera oír que las sanciones gringas exacerban los males sociales que una política económica estatista y populista viene creando entre nosotros desde hace dos, tres, cuatro décadas; ahora que la conflagración violenta entre EEUU y Venezuela ya no es una hipótesis ni una coartada, pues en el plano económico ya es una realidad tangible; ahora que Colombia amenaza con perseguir a sus seculares grupos armados, incluso más allá de sus fronteras; ahora que Europa, con patética nostalgia de su pasado imperial, se considera en el derecho de adoptar medidas punitivas incluso contra voceros de la oposición democrática, como reacción a sólo una opinión y una postura de orden político; ahora, en lontananza, se escuchan de nuevo los tambores de guerra.

Conociéndolos como si los hubiera parido, sé que la mayor parte del liderazgo madurista se inmolará, si fuese el caso… no importa que «inmolen» junto con ellos al país entero: una revolución bien vale una catástrofe. Fortalecidos por este entorno guerrerista, sus extremistas de uña en el rabo verán legitimados sus llamamientos irresponsables a radicalizarlo todo. Revolucionario que se respete, huye hacia adelante. Un general dice en Táchira que si Colombia nos agrede, los venezolanos llegaremos a Bogotá… olvidando el detalle de que del otro lado nos encontraremos a los gringos: la irresponsabilidad suele ser mucho más antipatriota que la prudencia. Y no conviene olvidar que (imbuidos del «espíritu manifiesto» y demás bazofias chauvinistas) de 22 intervenciones militares de EEUU en América Latina a lo largo de su historia, los demócratas impulsaron 15 y los republicanos 7, y que de 21 intervenciones militares de EEUU fuera de América, los demócratas impulsaron 13 y los republicanos 8, arrojando un total de 28 impulsadas por gobiernos demócratas y 15 por gobiernos republicanos: remember Vietnam.

Ante la estulticia, ante la ignominia de las sanciones de la UE, Maduro adopta la única medida digna que tiene en sus manos: expulsar a su representante diplomática en Venezuela; Europa hace lo propio, revelando que aún sostiene relaciones diplomáticas con el gobierno de Maduro: al buen entendedor… Al final de este sainete, los europeos se descalifican como mediadores legítimos en nuestro conflicto político interno y al final perdemos todos los venezolanos. Más que un crimen, Bruselas cometió una estupidez, como dijo aquél.

Empujada por las circunstancias, Venezuela estrechará sus vínculos económicos y financieros con Rusia, China, Irán y Turquía y políticos y policiales con Cuba (que de eso sabe). Pero nada sustituirá el vacío dejado por los 16 de los 20 países más prósperos del planeta que repudian a Maduro, cuyos mercados son esenciales si queremos tomar la senda del crecimiento económico con justicia social. ¿Por qué ni Lula, ni Dilma, ni Evo, ni mucho menos Arce, ni Correa, ni Pepe Mujica, ni Kirchner ni tampoco Fernández ahora, ni Lagos, ni Bachelet, ni AMLO, tuvieron o han tenido para con los capitalismos de occidente ese desplante inútil y provocador con el que Chávez, creyéndose un segundo Fidel y feliz de serlo, nos empujó al margen de la economía global? El izquierdismo es una enfermedad infantil, ya lo dijo Lenin.

Entre tanto, en ese Bizancio que es el G4 discuten acerca del sexo de los ángeles: votar o no votar. Extraviados en su laberinto de espejos, cuyos senderos se bifurcan (como en el cuento de Borges), algunos de sus capitostes llegan a acariciar la posibilidad de votar como algo meramente táctico, y no como un valor esencial de cualquier ruta democrática. A la oposición merengue, la de «un pasito para allá y otro para acá», hace rato que se le desimantó la brújula: hoy no voto, mañana sí; hoy no negocio, mañana quién sabe; protesta pacífica… pero pertrechemos a estos zagales de unas cuantas bombas molotov por si fuera el caso; hablemos de la patria como un recurso retórico… pero postrémonos de hinojos ante el portón del Departamento de Estado rogando sus favores. ¿Qué estrategia es ésa? ¿Qué ejército político puede organizarse así, recibiendo órdenes y contraórdenes sin recato? ¿Nadie va a atreverse jamás a, con los pies en el piso y largo aliento, mirarle la cara, con coraje y sin falsas ilusiones ni espejismos, al 2024, probable y casi segura próxima disputa por el poder? Ojalá y la oposición democrática, hoy dispersa y ruinosa, calce los puntos ante tamaño desafío.

Así, agredidos, apaleados, desorientados, a los venezolanos sólo nos queda mirar, para decirlo con los versos de Cortázar, a este país tirado más abajo del mar, pez panza arriba, país tirado a la vereda, país desnudo que sueña con un smoking, tan triste en lo más hondo del grito, país de barro, pañuelo sucio, sin esperanza y sin perdón, y comprobar que se nos deshace entre las manos. Oscurana que parece haber llegado para quedarse… a menos que, con el último rescoldo de esperanza que reste en nuestros corazones, nos dispongamos a saltar por sobre las trincheras y por encima de las barricadas que nos fracturan y nos dividen y como una sola nación, forjemos juntos el futuro que nos merecemos. De cada uno de nosotros depende.

Enrique Ochoa Antich es dirigente político, escritor y fundador del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Fuente: Punto de Corte

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