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Cuando un hombre quiere a una mujer, o una mujer quiere a un hombre, o cuando un hombre quiere a un hombre, y cuando uno de los dos quiere sellar la relación y el otro o la otra no lo tiene claro, y van y vienen, y no hay una resolución… e aquí uno de los eternos dramas de la humanidad. Y esta es la situación en la que me encuentro yo ahora. Con Donald Trump.

Me bombardea con mensajes. Me despierto por la mañana, miro en mi móvil y ahí están siempre, tres, cuatro, cinco e-mails más. Ya van 150 de Donald en los últimos 40 días, los 40 días en los que se ha visto obligado a convivir, a su manera, con el dolor de haber perdido las elecciones en las que compitió para repetir como presidente de Estados Unidos. Le he insultado más de una vez: que es un ignorante, un imbécil, un incompetente, un irresponsable, un sociópata, un narcisista enfermizo. Le he dicho de todo, pero no se rinde. Estoy empezando a sospechar que es uno de esos tipos que cuanto más lo maltratas, más te desea. “Te necesito, John”, me escribe. “Te necesito ahora mismo”. Arde por consumar la pasión que siente por mí.

Y su familia y sus íntimos lo apoyan en su misión. Están igual de convencidos que él de que estamos hechos el uno para el otro. He recibido más de 40 e-mails de su hijo Eric, de su nuera Lara o de su abogado Rudy Giuliani. Lo más sorprendente es que su esposa Melania se sumó a la fiesta esta semana de manera curiosamente (¿perversamente?) cariñosa. Si sigo dudando no es únicamente porque Donald me parece un ser humano deplorable cuyo aspecto físico me asquea. Sigo dudando también porque tengo motivos para sospechar que me quiere, ante todo, por mi dinero.

Por un lado, sí, demuestra afecto por mi persona. Soy único, me insiste. “TÚ, John, sí”, me escribe, “te elegí a TI”. “Tú, SOLO TÚ, marcarás la DIFERENCIA”. “SOLO CONTIGO el futuro será mejor”. Pero por otro lado, y en todos los mensajes que me envía sin excepción, me pide que le mande cinco, o 10, o 15, o 20, o más dólares, todos los que pueda.

No dudo de la pureza de sus sentimientos, pero quizá para ponerme a prueba, ­para realmente poder convencerse de que no voy a juguetear con su frágil corazón, de que si me comprometo lo haré en serio, me pide que me una a su causa. Y la causa es ­nada menos que “defender la Constitución de Estados Unidos”, “denunciar el fraude electoral”, “proteger la república contra el socialismo” que representa su rival Joseph Biden.

Donald puede que lo interprete como una traición, pero, motivado en parte por la esperanza de que desista de una maldita vez, voy a compartir con el gran público algunos de los mensajes más recientes que me ha enviado. Vendedor empedernido, no ha dudado en aprovechar las oportunidades que ofrece la temporada navideña. Hace diez días me ofreció un regalo. Sí, por una vez, o eso pensé, en vez de pedir y pedir, por una vez me estaba dando algo.

“John, tengo una oferta exclusiva solo para TI. Te estoy dando UN REGALO TRUMP GRATIS para que veas cuánto significas para mí. Esta oferta es para ti, John, y no es para compartir”.

Confieso que me conmovió. ¿Estará cambiando?, me pregunté. Pues no. Acto seguido –no se puede reprimir, el pobre, una lástima– lo estropeó. Agregó al fondo del mensaje, en rojo y por supuesto con ­muchas mayúsculas: “Por favor, contribuye por lo menos con 35 dólares INME­DIATAMENTE y consigue tu REGALO TRUMP GRATIS”.

Siguiendo con el tema festivo, esta semana me ha ofrecido la posibilidad de adquirir “unas preciosas decoraciones de Navidad”. Solo cuestan cinco dólares, me dice, y “estoy guardando una para TI”. Y después me ofrece un calendario, que es donde su esposa entra en escena.

“John, nuestra increíble Primera Dama, Melania Trump, ha elegido personalmente las hermosas fotos para nuestro NUEVO calendario Trump para el año 2021. Ella me dijo: ‘Cariño, quiero que John tenga ACCESO PRIORITARIO para que sea el PRIMERO en recibir el calendario’”. Una vez más Donald agrega que está guardando uno especialmente para mí. “Lo único que tienes que hacer es darme 30 dólares y es tuyo AHORA MISMO”.

A veces se me pasa por la cabeza la idea de que quizá yo no sea el único al que Donald manda estas cartas de amor. Que quizá las recibamos todos los que rellenamos un formulario suyo en la web durante la campaña electoral, en octubre. En el caso de que esté siendo, efectivamente, infiel debe estar sumando mucho dinero. Vi en la CNN el domingo pasado que había acumulado 207 millones de dólares en donaciones desde el voto del 3 de noviembre.

¿Adónde va el dinero? En teoría a ayudar a pagar los gastos legales de, por ejemplo, las 50 demandas ju­diciales contra los resultados electorales, 49 de las cuales se han perdido, archivadas por los jueces con desdén por su falta de seriedad. La prensa estadounidense especula que Donald se quedará el resto. Es mi temor pero sus seguidores, por supuesto, no se lo creen. Piensan que se trata de más fake news.

Donald lo sabe y por eso un e-mail que mandó el miércoles empezó de la siguiente manera: “Según las mentiras de los Medios Fake News, Biden recibió 15 millones de votos más que Obama en el 2012. ¿Hay alguien que se lo cree? Quiero que sepas que esto no ha acabado, John. De hecho, he decidido extender la fecha límite de mi campaña para recaudar donaciones con el fin de tener los recursos necesarios para seguir LUCHANDO por el FU­TURO de nuestro país. Por favor, contribuye con cinco dólares INMEDIATAMENTE…”.

Debo confesar que no he donado ni un centavo. Esto a Donald le duele. Me ha mandado media docena de e-mails reprochándome por el poco ardor que le demuestro. “Veo que no me has dado nada”, me lloriquea. “No puedo defender nuestro país contra la izquierda radical sin ti, John”.

Pero nunca se desanima. No da marcha atrás. El último e-mail que recibo, ahora mismo mientras escribo, se titula: “Haz que la Navidad vuelva a ser grande”. Me ruega que le mande una tarjeta navideña más, claro, un regalo de Papá Noel en efectivo.

Más y más me convenzo de que no soy el único receptor de estas cartas, de que Donald se las manda a millones de personas. Y de que nos está tomando por tontos. Eso sí, en muchos casos seguramente con razón. Me viene a la mente una frase hecha famosa hace un siglo en Estados Unidos. “Nadie nunca perdió dinero subestimando la inteligencia del público americano”.

Donald conoce su mercado. Lo demuestra el extraordinario hecho de que 74 millones de personas votaron por él, seguras de que es la persona más indicada para ejercer como presidente de su país.

Yo, en lo personal, sigo sin tenerlo claro.

John Carlin es un escritor y periodista británico-español, su actividad profesional se centra en el deporte y la política. Es mundialmente conocido por se el autor del libro «El Factor Humano», la misma inspiro la película «Invictus».

Fuente: La Vanguardia

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