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Cuando hablamos de soberanía, generalmente lo asociamos a la integridad territorial, pero soberanía también es tener soberanía económica, soberanía productiva, soberanía alimentaria, y precisamente éste último, es el tema que queremos abordar en estas líneas, porque la producción agropecuaria en Venezuela se ha desplomado a niveles que ya podemos hablar claramente de EMERGENCIA en este sector prioritario del país.

Y no precisamente porque nuestros productores agrícolas y pecuarios no hayan hecho TODO por mantenerse a flote y subsistir, sino porque desde hace más de 2 décadas no hay política pública alguna que los proteja, los respalde o los apoye, por el contrario, este régimen hambreador ha colocado todo tipo de obstáculos, para desmantelar el campo y la producción de alimentos, demostrando que su política en este tema es deliberada y planificada: arrasar con el campo para intentar hacernos a los ciudadanos cada vez más dependientes de sus perversos controles sociales, y destruir cualquier posibilidad de que Venezuela tenga entonces, la indispensable y vital: SOBERANÍA ALIMENTARIA.

Para hablar de la reconstrucción de Venezuela, la quiebra de nuestros productores agropecuarios es un tema que debemos tratar con sentido de URGENCIA, porque a la ya compleja crisis humanitaria que nos agobia a todos los venezolanos, se agrega este factor que agrava nuestro día a día desde cualquier punto de vista: porque la quiebra del campo es sencillamente igual a hambre.

En todos los estados del país nuestros productores agrícolas y pecuarios agonizan por cuenta de un régimen que ha decidido aplastarlos y obligarlos a dejar “sus tierras” a la fuerza en manos de amigos, allegados y cómplices de la dictadura que están convirtiendo ya nuestras tierras productivas en tierra arrasada.

Y aquí no se puede ser ingenuo, éste es el plan del régimen: que cada productor grande, mediano o pequeño que con uñas y dientes aún se mantiene en pie, desaparezca, abandone su finca, sus propiedades, que durante años, generaciones enteras han trabajado para llevar a la mesa de cada venezolano la comida: la leche, los granos, las arepas, el queso, la carne, indispensables hoy como nunca para combatir el hambre que nos azota a todos los venezolanos, de las ciudades, pueblos y caseríos, de los sectores populares, de los propios sectores rurales a los que no están llegando ni siquiera los alimentos indispensables para subsistir.

Expropiaciones, invasiones, inseguridad personal, extorsiones, falta de insumos, escasez de combustible para producir (gasolina y gasoil), falta de semillas, fertilizantes, vacunas, controles sanitarios, ausencia absoluta de apoyos crediticios, y un largo etc, aderezados con un cóctel de delincuencia, secuestros, abigeato, atentados, ninguna seguridad jurídica que les garantice al menos la propiedad de sus tierras, amenazan con quebrar al campo y con ello poner en peligro aún más, la alimentación de los venezolanos, en tiempos de hambre el campo siempre ha “salvado la cosecha” para garantizar la comida de todos, pero en estas condiciones, no hay respiro para nuestros productores y esto tiene que parar.

Las vacunas (extorsiones) ya se presentan en 5, 6, 7 modalidades distintas, te piden “colaboración” te roban, te secuestran, te amenazan, te despojan de tu propiedad sin que ley alguna importe o valga, se impone la anarquía entre grupos de poder o mafias que colocan en jaque a nuestros productores del campo, y con ellos a todos los venezolanos que necesitamos comer ¿cuánto cuesta un kilo de queso? ¿Cuánto un kilo de frijoles? Los ciudadanos ya no comemos carne, pollo y eso no es un secreto para nadie, porque simplemente es un lujo que casi nadie puede costear.

Ya no se trata de exportar, ni producir para tiempos difíciles, se trata del hambre que golpea y tumba la puerta de cada uno de nosotros sin distingo ideológico, y sin pedir carnet político.

La política del régimen de Maduro y sus cómplices tampoco es nueva, las expropiaciones comenzaron con Chávez hace más de 20 años, solo que al día de hoy la situación se ha agravado a niveles tales que hablar ahora sí de la quiebra del campo es igual a hablar de más hambre, en un país en el que más de 6 millones de compatriotas han huido del país principalmente escapando del hambre.

Es imperativo volver nuestra mirada al campo, rescatarlo, apoyarlo, sin SOBERANIA ALIMENTARIA no hay país que reconstruir, sin comida en las mesas de cada venezolano no hay futuro que rescatar, sin un campo fuerte el país es débil y presa fácil de las extorsiones de un régimen perverso que no ha dudado en amenazar “el que no vota no come”.

El campo somos todos, allí renacerá el país, fuerte, vigoroso, listo para trabajar y reconstruir cada sector, cada institución, cada libertad, y renacerá también la democracia, también más fuerte, porque se defenderá cada derecho, a la vida, a la alimentación, a la propiedad, a elegir, a vivir en libertad.

Ha llegado el momento también de movilizarnos hacia y desde los campos, rompamos juntos las cadenas que hoy oprimen y quiebran a nuestros productores, sus tierras y sus cosechas, y acabaremos así con la extorsión y las mafias de esta dictadura, que nos han dejado sin alimentos, sin sustento, sin libertad, sin país.

Andrés Velásquez es un político venezolano que ha sido gobernado del estado Bolívar (1989-1995) y diputado de la Asamblea Nacional (2000-2006 / 2011-2016).

Fuente: Caraota Digital

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