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Se dice reconstrucción y llueven las ideas y propuestas. Venezuela toda necesita planes para ser reconstruida en los más diversos ámbitos. El consenso generalizado es que tal reconstrucción sólo podría ser posible una vez que haya un cambio en la conducción del país, con lo que cabe preguntarse ¿y cómo llegaremos a eso?

No es éste un artículo centrado en el “Maduro vete ya”. Hace falta sin duda de que Nicolás Maduro y su camarilla, señalada ampliamente de corrupta y de violaciones a los derechos humanos, deje de gobernar para que vengan tiempos mejores a Venezuela. Pero, y esto debe decirse con total realismo, no hay una salida mágica ante la profunda y diría holística crisis que nos agobia como sociedad.

Desde mi punto de vista, y en el campo del análisis político y social no hay verdades inamovibles, para pensar en una reconstrucción futura del país, el primer paso es que como ciudadanos exijamos una reconstrucción urgente y necesaria de las fuerzas políticas que apuestan por un genuino cambio democrático.

No tendremos una salvación nacional al estilo Hollywood, como muchos se empeñaron en creer. Lo que ocurra o deje de ocurrir en Venezuela dependerá en primera instancia de lo que hagamos los venezolanos. El rol de la llamada Comunidad Internacional es sin duda importante, pero acá es clave entender que no es determinante.

No será otro país el que venga a desalojar a Maduro, limpiar de mafias al poder político y entregarle en bandeja de plata la presidencia a un nuevo mandatario democrático.

Se parafrasea tanto a Churchill, con aquello de sangre, sudor y lágrimas, que se ha llegado desgastar el sentido de esa frase. Lo cierto es que una situación tan compleja como la que vivimos, requerirá de un esfuerzo colectivo guiado por un liderazgo no sólo valiente, sino sobre todo sagaz y estratégico. Un liderazgo que insista en decirnos “esto está listo”, “Maduro tiene miedo”, “el chavismo vive sus últimos días” sencillamente nos miente con tal de ganar titulares o impacto en redes sociales.

Es necesaria y urgente la reconstrucción del liderazgo democrático en Venezuela. Es indispensable que el liderazgo, todas las figuras visibles que se asumen como líderes, hagan un mea culpa y le digan a esta sociedad, desesperanzada y duramente golpeada por una crisis humanitaria de envergadura, nos equivocamos. El acto de constricción ha sido esquivado por todas y todos, que siguen hablando como si no se hubiese perdido entre 2019-2020 la más importante oportunidad de cambio que hemos tenido en el país.

Que distinto sería, creo yo, que Juan Guaidó nos diga me equivoqué al insistir sólo en el mantra y no hacer un frente unitario; que María Corina Machado nos diga que no vendrá una fuerza multinacional a salvarnos, que eso es mentira; que Henrique Capriles explique claramente el por qué no peleó en la calle la elección que le robaron en 2013; que Leopoldo López nos diga que se dio cuenta que es un error suyo creer que él es el sol sobre el cual debe gravitar la unidad opositora, y que ahora sí, controlará su ego.

Y sigo, que Henry Ramos Allup nos diga porque Maduro no salió en los seis meses iniciales de 2016 tal como él dijo que ocurriría cuando estaba de presidente de la Asamblea Nacional, más preocupado de quitar unas imágenes de Bolívar; que Julio Borges nos demuestre que sus gestiones en el exterior si son exitosas; que Manuel Rosales nos diga cómo quedó en libertad plena para salir y entrar de Venezuela luego de que era un perseguido político.

Los ciudadanos que apostamos a que la democracia se restituya plenamente en Venezuela ya no le daremos un cheque en blanco a líderes, que por el hecho de hacer frente a un régimen autoritario, escondan sus fracasos y nos digan que todo va bien. No, ya está bueno, el cambio de envergadura que demanda el país empieza porque estos líderes reconozcan sus fallas, corrijan los yerros y replanteen una estrategia. UNA estrategia, he enfatizado el carácter unitario que debe tener la estrategia de la oposición democrática. Cada uno señalando un plan distinto sólo entronizará más al poder chavista.

Unidad y estrategia. Cuando se revisa, por encima, lo que ocurrió en muchos países asolados por dictaduras resaltan estas dos palabras como claves para propiciar el cambio. Para ello es necesaria la reconstrucción opositora, diría que la refundación, y esto a su vez debe estar precedido del reconocer que se ha fracasado con lo que se venía haciendo. La sociedad lo reclama.

Andrés Cañizález es periodista, académico y activista enfocado en la libertad de expresión. Además es autor de varios libros y articulista en diferentes medios.

Fuente: El Estímulo

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