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El gobierno de Colombia, de manera solidaria e inspirada en los más trascendentes valores latinoamericanos, decidió establecer un estatuto de protección temporal mediante el cual se le conceden 10 años de plazo a los casi 2 millones de ciudadanos venezolanos que viven ilegalmente en Colombia, que ingresaron antes del 31 de enero de 2021, para regularizar su situación migratoria. Nicolás Maduro, en lugar de agradecer ese gesto al pueblo y al gobierno colombiano, el cual debería ser ejemplo para los demás países de América Latina, dio unas fuertes declaraciones, enmarcando este hecho en el enfrentamiento existente entre los dos gobiernos: “En Venezuela hay 6 millones de colombianos con plenos derechos y no necesitan de esas ‘payaserías’ que hace Duque en Colombia a los venezolanos. Duque intenta con esa medida ganar afectos en el nuevo gobierno de Estados Unidos. Lo que busca es dinero… porque no es un secreto que tanto Duque como Uribe apostaron por Trump, y ahora buscan conectarse con el nuevo gobierno”. Hasta aquí esas declaraciones sólo eran un episodio más en el clima de enfrentamientos entre los dos presidentes.

Sin embargo, tales manifestaciones tomaron otro cariz que colocan las relaciones entre Colombia y Venezuela en una situación delicada, al expresar Nicolás Maduro: “Le he dicho a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que conteste contundentemente las temerarias declaraciones de Iván Duque sobre Venezuela, que las conteste de palabra, pero que limpien los cañones de nuestros fusiles para contestarle también en ese plano si se atreve a violar la soberanía de Venezuela, si se atreve a tocar un milímetro del territorio venezolano”. Tan amenazante declaración fue motivada, según lo reseñado por algunos medios de comunicación, por una supuesta entrevista entre el presidente Duque y el líder opositor venezolano Juan Guaidó, en la cual se conversó sobre la posible creación de un comando especializado para combatir el narcotráfico y las amenazas transnacionales originadas por la presencia en Venezuela, transformada en un santuario bajo protección del régimen madurista, de los principales jefes del ELN y de grupos de disidentes de las FARC, para demostrar así  el compromiso del gobierno colombiano de combatirlos con fuerza y eficiencia.

Las imprudentes declaraciones de Nicolás Maduro, en medio de la muy compleja situación que enfrenta Venezuela, comprometen cualquier planteamiento que pudiera hacer el gobierno de Joe Biden y las expectativas expresadas recientemente por el alto representante para la Política Exterior de la Comunidad Europea, Josep Borrell. El secretario de Estado, Antony Blinken, sostuvo el 19 de enero, ante el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de Estados Unidos, que el gobierno de Joe Biden intentará dirigir más eficazmente las sanciones a Venezuela, buscando más asistencia humanitaria para su pueblo. Además, expresó que continuará reconociendo a Juan Guaidó como presidente interino y a la Asamblea Nacional democráticamente elegida en el año 2015 en consonancia con la política mantenida por el gobierno de Donald Trump. Por su parte, Josep Borrell reiteró que para la Comunidad Europea “la solución de la situación política pasa por la negociación” e insistió que para que esta tenga éxito “se necesita voluntad de acuerdo y cesiones de todas las partes, pero, hasta ahora todos los intentos han fracasado”.

Tengo la intuición de que Nicolás Maduro, ante la posibilidad de que ocurra una reorientación política hacia la izquierda en varios gobiernos de América Latina, como ya se percibe en el resultado de las elecciones en el Ecuador y de lo que se piensa podría ocurrir en Perú y Brasil, considera que es factible ganar tiempo para impedir que se realice, en este momento, un cambio político a través de elecciones democráticas, justas y equitativas, como lo exige la comunidad internacional. También pienso que utilizará la parcializada declaración de Alena Douhan, relatora especial de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en la cual expresó: “Las sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos, la Unión Europea y otros países han exacerbado las calamidades en Venezuela…”. Creo que Nicolás Maduro se equivoca. Esos hipotéticos apoyos no tendrán ni la capacidad ni el interés para fortalecerlo. Además, la posición de Estados Unidos no cambiará sino que, al contrario, intensificará las sanciones internacionales mediante una mejor coordinación con la Comunidad Europea y el Grupo de Contacto Internacional para Venezuela. Por si eso fuera poco, el reciente impasse diplomático con la embajadora de la Unión Europea contribuirá decisivamente a complicar aún más las muy delicadas tensiones diplomáticas.

Nicolás Maduro debería reflexionar y entender que el socialismo del siglo XXI ha fracasado y que su creciente ambición de poder solo incrementará aún más el hambre del venezolano. La muy grave situación económica que enfrenta nuestra sociedad es consecuencia de la falta de confianza que genera un gobierno ilegítimo, el cual es repudiado por gran parte de la comunidad internacional. La única posibilidad que existe para detener tan compleja situación es permitir la realización de elecciones democráticas, justas y equitativas. En el mes de diciembre corresponde realizar elecciones para gobernadores y Consejos Legislativos. Es una excelente oportunidad para que Nicolás Maduro demuestre que es capaz de promover un verdadero cambio político, no solo mediante la realización de un proceso electoral, sino también mediante la aplicación, de inmediato, de un conjunto de medidas tales como conceder la libertad de los presos políticos, militares y civiles; garantizar a los medios de comunicación absoluta libertad de opinión,  designar nuevas y legítimas autoridades electorales, reconocer las genuinas directivas de los partidos políticos, aceptar una amplia supervisión internacional, reinstitucionalizar  a la Fuerza Armada Nacional etc. Es decir, avanzar hacia un sistema realmente democrático y pluralista. De todas maneras, no me hago ilusiones, pero le recuerdo a Nicolás Maduro que, de no ocurrir el indispensable cambio político, las sanciones se aplicarán con mayor fuerza, la tragedia de nuestro pueblo se profundizará y el chavismo madurismo perderá totalmente su vigencia.

Fernando Ochoa Antich es abogado y militar retirado. Fue Ministro de la Defensa (1991-1992) y Ministro de Relaciones Exteriores (1992-1994), actualmente es columnista para El Nacional.

Fuente: El Nacional

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