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No me extenderé. Sé que en este tiempo la historia fastidia… Hoy, nosotros, los “hijos de la crisis”, 32 años después de El Caracazo, no tenemos país. No voy a deshojar la margarita. ¡Basta de deshojar la margarita! El 89 fue el año en el que inició la crisis política que nos trajo hasta aquí: en Venezuela el 27 de febrero y en el Mundo el 9 de noviembre con la “Caída del Muro Berlín”. Diez años después, en 1999, en Venezuela se estaba aprobando una Constitución que promulgaba un nuevo Estado y en el mundo el Internet se masificaba y nacía la globalización. Tres décadas han pasado y nuestra generación se ha formado, se ha capacitado y no solo ha resistido la crisis, sino que la ha gestionado y tiene las condiciones para rescatar el país que nos han negado las circunstancias y los intereses.

Pertenezco a la generación que nació en esos años convulsionados del parto. Los de mi generación no añoramos el pasado porque nos rebelamos contra ese orden anacrónico, pero reconocemos nuestro origen, de dónde venimos y lo que debemos hacer. El espíritu del año “89” despertó la energía popular y permitió alcanzar muchas victorias que los poderosos y las cúpulas han detenido, una de ellas: la descentralización alcanzada con las primeras elecciones regionales y locales de 1989. La Federación ha sido truncada y, con ello, la independencia y autonomía de nuestras regiones y pueblos. Iniciando la tercera década del siglo XXI, nuestro país se encuentra en las condiciones de una hacienda quebrada del siglo XIX. Venezuela, hoy, es la fotografía del subdesarrollo.

Convocamos a la reserva ética de la Nación a conformar un Gran Frente Amplio de Reconstrucción Nacional, que por medio de un diálogo constructivo, intergeneracional, inclusivo, democrático y alternativo (DECIDA) logre, valorando la diversidad, sumar las voluntades y energías creadoras de la sociedad para construir un Consenso País sobre la base del pluralismo y electoralmente ganar el poder político para descentralizar el poder, sanear la administración pública sancionando la corrupción y respetando la autonomía de los estado y municipios. Si tenemos la voluntad política de asumir nuestra cuota de responsabilidad con la República, podremos parar la hecatombe y volver a nuestras casas, mientras tanto, seguiremos siendo los “caminantes de Suramérica”.

Emilio Useche es politólogo e investigador. Coordinador General de Huellas en el Sur y Coordinador Nacional Adjunto de UPP89. 

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