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No es fácil imaginar qué será de nosotros y de Venezuela en el 2021. ¿Seguiremos divididos y enfrentados o tendremos el coraje y la humildad de superar los desencuentros y unirnos para enfrentar juntos los graves problemas e iniciar el camino de la reconciliación y la reconstrucción del país? Si seguimos como estamos, ahondaremos cada vez más el abismo que se está tragando la vida sobre todo de las mayorías más vulnerables y pobres, y seguirá la hemorragia de millones de personas que huyen del país por no encontrar posibilidades de vida digna.

Posiblemente, a pesar de los problemas y si no pudimos despedir el año de un modo tan ruidoso como en otras oportunidades, nos habremos deseado un feliz año con abrazos distantes o virtuales, y con mensajitos de texto. Y en lo profundo de nuestros corazones, todos anhelamos de verdad que el año 2021 sea mejor. Pero los buenos deseos seguirán siendo infructuosos si no van acompañados de la decisión de empezar a trabajar con coraje por una nueva Venezuela.

Para que el Año 2021 sea en verdad un Año Nuevo debemos tener el valor de hacernos una serie de preguntas fundamentales y responderlas con coraje y decisión: ¿Cómo me propongo vivir este año? ¿En qué debo mejorar? ¿Qué estoy dispuesto a hacer por Venezuela? ¿Qué actitudes debo fortalecer para posibilitar la reconciliación y la reconstrucción del país? ¿Qué debo evitar?

Los seres humanos somos los únicos que podemos decidir cómo ser. Nos dieron la vida, pero no nos la dieron hecha. En nuestras manos está la posibilidad de malgastarla o de vivirla a plenitud. Podemos vivir amargados y amargando a los demás, o vivir felices para hacer felices a los demás. Podemos ser agresivos o amables, violentos o pacificadores, sembrar división o unión. Podemos desentendernos de los graves problemas de Venezuela y tratar de sobrevivir como se puede, o entregarnos con pasión y dedicación a trabajar por Venezuela de modo que el 2021 suponga el inicio de la reconstrucción profunda del país.

Año Nuevo, ¿Venezuela Nueva? De ti, de todos nosotros depende. Para ello, el deseo tiene que ser algo más que una frase hueca y convertirse en compromiso. Este año que comienza será realmente nuevo si nos atrevemos a preocuparnos y ocuparnos por el bienestar de los demás, si nos proponemos edificar la conducta sobre los cimientos sólidos de la honestidad y la solidaridad, si nos esforzamos por desterrar la agresividad y el egoísmo.

Estamos despidiendo un año sembrado de violencia, miseria, éxodo masivo, muertes, divisiones. Y comenzamos otro que no nos ofrece un horizonte mejor, a no ser que nos propongamos unirnos para cambiar de rumbo. Ni de la represión, de la soberbia, de la división puede salir una sociedad más humana. Tampoco vendrá de las bayonetas o intervenciones militares. Vendrá de elecciones democráticas libres, justas y transparentes, por las que debemos empezar a trabajar.

Ha llegado la hora de crear una conciencia colectiva de la necesidad de andar otros caminos y luchar con tenacidad por una sociedad justa y plural mediante la “no violencia” activa. Pero no confundamos la no-violencia con el desinterés o la cobardía. En palabras de Ghandi “la no-violencia y la cobardía son términos contrarios. La no-violencia es la mayor virtud, la cobardía es el mayor vicio. La no-violencia siempre sufre, la cobardía provoca sufrimiento. La no-violencia perfecta es la mayor valentía”.

Año Nuevo, ¿Venezuela nueva? De ti, de nosotros, depende.

Antonio Pérez Esclarin es licenciado en letras y doctor en filosofía. Es escritor, así como profesor e investigador del Centro de Experimentación para el Aprendizaje Permanente (CEPAP) de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez. Gran parte de su labor a desarrollado en Fe y Alegría.

Fuente: El Universal

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